Puede parecer exagerado, pero más vale prevenir que lamentar

El champú y el agua no solo nos alborotan los cabellos, también nos alborotan las ideas. ¿Qué ideas tendrá la protagonista de esta historia?

¿Escribir lo que pienso en la ducha? Un tema realmente profundo. ¿Qué es lo que pienso? ¿Realmente pienso?

Las duchas cambiaron su rumbo hace unos meses. Uno siempre se duchaba para estar limpio y relajado; antes de ir a trabajar, después de volver del trabajo, más de una vez si hacía mucho calor. Actualmente, las duchas se relacionan con el virus con el que estamos luchando. Llegar a casa del supermercado y ducharse. Salir a una cuadra de casa para comprar algo chiquito, volver y ducharse. Ducharse hasta que salga hasta el más mínimo germen; ducharse hasta que sientas que estás lo suficientemente desinfectado.

Playlist con el que Natalie hace sus conciertos.

Puede parecer exagerado, pero más vale prevenir que lamentar. Al menos, es lo que yo hago.

Entonces, ¿qué es lo que realmente pienso cuando estoy en la ducha? Quizás un “Ay, ojalá no me haya topado con alguien que se haya contagiado” o un “¿Me choqué con alguien mientras compraba?”.

Preguntas e incógnitas que claramente no tenía meses atrás, en donde ducharme significaba poner mi playlist favorita en Spotify y hacer un concierto de cuarenta minutos —si tenía tiempo—, mientras fingía que estaba en mi tercera gira mundial.

Creo que entonces no pensaba mucho. Más bien disfrutaba del momento, de ese momento de relajo en donde a veces era solo yo, y otras, mi perro y yo. Él insistía en acompañarme y terminaba siendo el único oyente de mi súper concierto.

«pienso que, incluso pasando mi cumpleaños en medio de una pandemia, mi vida no está nada mal»

Quizás uno que otro pensamiento cruzaba por mi mente. “¿Qué comeré hoy? ¿Hará mucho frío o podré ir en sandalias? Qué flojera ponerme zapatillas. No, mejor sí uso medias y zapatillas. Mi mamá me jalaría de los pelos si me ve saliendo en sandalias porque, según ella, el frío entra por los pies. ‘Ya ves, por eso te enfermas’ diría ella. Y, ¿quién soy yo para desobedecer a mi madre?”.

Natalie y el oyente de sus conciertos.

Hoy me di una de esas duchas largas de cuarenta minutos, pero a pesar de que me moría por escuchar las nuevas canciones de mis grupos favoritos, no llevé el teléfono al baño. Quería estar sola yo con mis pensamientos.

(Por si se lo preguntan, me gusta mucho el K-pop. Puede que no entienda lo que dicen, pero el ritmo es pegajoso).

Recordé que no falta nada para que sea fin de mes, lo que significa que ya se acerca mi cumpleaños. ¡Qué rápido se ha acabado otro mes!  

No sé si estoy entusiasmada por cumplir un año más. Me siento vieja, aunque solo vaya a cumplir veinticuatro. Siento que luego de los veinte la vida se pasa volando. Sin embargo, mientras lleno mi cabello de un champú sin sal que me recomendó mi mamá, pienso que, incluso pasando mi cumpleaños en medio de una pandemia, mi vida no está nada mal.


Natalie Muñoz
Natalie Muñoz

Tiene 24 años. Es amante de los documentales de crímenes, el sushi y los perros. En sus ratos libres hace repostería. Le encanta ir al cine y escuchar música. Desde pequeña tuvo una pasión especial por la escritura que al crecer terminó por olvidar, pero con la cual ha vuelto a reencontrarse gracias a Machucabotones. 

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