«Pienso que el hecho de cambiar de año no significa nada si nosotros mismos no cambiamos»

«Año nuevo, vida nueva» es lo que suelen decir. ¿Será cierto? ¿Sientes el 2021 algo diferente?

Primera semana del 2021 y las cosas parecen ser las mismas. Aunque solo se trata de números, por alguna razón cada año nuevo se sentía distinto. Este no. Pareciera que el 2020 no hubiera acabado y solo estuviéramos en una segunda parte del año. La pandemia no acaba y mis días siguen teniendo la misma rutina monótona: me levanto, desayuno, me baño, trabajo, almuerzo, veo alguna serie, sigo trabajando, me relajo viendo algo o jugando en el teléfono y me duermo.

Trabajando en verano.

Para intentar cambiar un poco eso, hoy decidí salir a comprar. Cogí mi bolso, mi billetera, mis llaves, mi celular, mi mascarilla y mi alcohol en gel. Cosas que siempre tengo en mano cada vez que salgo, así sea solo a la esquina. Caminé hasta Plaza Vea. Tengo la suerte de tener uno a unas cuantas cuadras de mi casa.

En todo el camino estuve pensando en las cosas que debía comprar, a pesar de tenerlas apuntadas en las notas de mi celular: yogurt, cereal, leche, champú y algún otro ingrediente para hacer postres durante la semana. No iba por mucho, pero me gusta ir hasta allá porque puedo pasear, disfrutar del clima y el sol mientras camino las largas cuadras y observo las tiendas y negocios alrededor.

«En el camino me puse a pensar en las veces que solía salir con mi mamá. Nos gustaba ir a los centros comerciales con la excusa de comprar algo y terminar paseando por todos lados, incluso comiendo algún postrecito o pensando en entrar al cine».

Me recibieron con el protocolo de siempre: limpiar tus zapatos, tomarte la temperatura, echarte alcohol en las manos. No había mucha gente. Recordé cómo al inicio de la pandemia tenía que hacer largas colas para poder entrar. Tomé el carrito en mis manos y me dispuse a comprar lo que necesitaba, directo y rápido, pues no me gusta mucho estar en lugares cerrados. Terminé comprando un par de cosas que no estaban en mi lista: queso mozzarella y helado. Pagué, coloqué todo en el carrito que había llevado para no cargar peso y me dispuse a volver a casa.

En el camino me puse a pensar en las veces que solía salir con mi mamá. Nos gustaba ir a los centros comerciales con la excusa de comprar algo y terminar paseando por todos lados, incluso comiendo algún postrecito o pensando en entrar al cine. Cuando había más de una película buena, aprovechábamos el dos por uno de Entel. Cómo extrañaba eso.

Las flores del parque.

Me detuve en el parque para descansar un rato y admirar un poco más de cerca la naturaleza. Me tomé un par de fotos y sonreí al ver a tantos perritos caminando felices por el lugar. Noté que nuevas flores habían crecido. El sol quemaba un poco pero el cielo se veía tan claro que valía la pena levantar la mirada.

Llegué a mi casa, desinfecté todo y me di una buena ducha. Luego saqué el helado y me serví una porción. Prendí mi laptop y me dispuse a trabajar, extrañando el local en Miraflores, donde el ambiente era bien fresquito incluso en verano, con Allujo que se sentaba a mi lado y me observaba mientras pasaba las horas entre Excel y Gmail.

Me puse a pensar en lo mucho que ha cambiado mi vida en un año, y en cómo, aunque el mundo parezca seguir siendo el mismo, está en mí empezar el cambio. Pienso que el hecho de cambiar de año no significa nada si nosotros mismos no cambiamos.

Natalie Muñoz
Natalie Muñoz

Tiene 24 años. Es amante de los documentales de crímenes, el sushi y los perros. En sus ratos libres hace repostería. Le encanta ir al cine y escuchar música. Desde pequeña tuvo una pasión especial por la escritura que al crecer terminó por olvidar, pero con la cual ha vuelto a reencontrarse gracias a Machucabotones. 

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