De Dirigent: la historia de una mujer que luchó contra el machismo de la época

Si meditamos acerca de lo que la escuela nos enseñó, en cuanto a literatura se refiere, nos daremos cuenta de que solo nos instruyeron en la vida y obra de autores hombres. Pasando por los Siglos de Oro, las generaciones del 27 y del 98, Dante, García Lorca, Homero, Flaubert, Kafka, “Fuente Ovejuna”, “El gato negro”, … La lista se haría interminable si mencionáramos a todos los que tuvimos que investigar para nuestras tareas. Incluso, cuando veíamos la literatura nacional, veíamos solo a ilustres masculinos: Vallejo, Palma, Ribeyro, Martín Adán… pero, ¿dónde estaban Blanca Varela, Magda Portal, Clorinda Matto? Era como si no hubiesen existido. La popularidad que poseen hoy en día se debe en mayor parte al movimiento feminista. Porque la educación básica, hay que decirlo, es prejuiciosa.

Entonces, si las obras literarias parten de la realidad, ¿cómo podemos conocer la de un país si no leemos a cada uno de sus artistas, independientemente de su género?

Pero esto no es algo que suceda únicamente en la escritura. Sucede también en todas las artes. Por ejemplo, en la música, en los años 30 hubo una mujer que tuvo que luchar contra el machismo de la época. Hablamos de Antonia Brico, la primera mujer en dirigir las filarmónicas de Berlín y Nueva York. Ella nació en 1902 en Róterdam, Holanda, pero fue adoptada por una familia que a los pocos años migró a Estados Unidos. Ahí descubrió su amor por la música a través de clases de piano, y ahí también surgió su más grande deseo: dirigir una orquesta.

Antonia Brico (1902-1989)

Practicando en baños públicos con palillos de comida china, trabajando en un cabaret como pianista para pagarse sus clases de piano, tocando un piano con telas sobre las cuerdas para que los vecinos no se quejasen por la bulla, desafiando a maestros y músicos, Brico emprende su viaje hacia ese gran sueño.

Este viaje es ilustrado en la película “De Dirigent”, en la que, desde el comienzo, Brico es decidida. Dicen que, cuando de nuestros sueños se trata, no hay que tener vergüenza. Ella, sin duda, no la tenía. ¿Qué mejor prueba que el hecho de entrar a un auditorio, en el que trabajaba como acomodadora, para sentarse en primera fila en medio del corredor, en una silla plegable y con un folder lleno de partituras en sus rodillas? Ante la mirada atónita de los cientos de asistentes, ella tomaba nota de cada uno de los movimientos de William Mengelberg, el director de orquesta que aquella noche daba concierto. Obviamente fue despedida, pero esto no hizo más que incrementar su determinación. A partir de ahí, se vio envuelta una y otra vez en una encrucijada: ¿Luchar contra las convenciones de la época, o ceder ante ellas?

Ya sea que escribas, pintes, dibujes o compongas, esta es una historia que debes conocer.

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