«Feliz Navidad»

El día más esperado de diciembre había llegado. Familia, cena, tradiciones. ¿Cómo pasaste tú la Navidad?

Hoy me levanté a las siete de la mañana. Mi alarma estaba puesta para las nueve, pero Xena decidió que las siete era buena hora para despertar.

Sabía que tenía un largo día por delante. Este año mi mamá y yo teníamos que encargarnos de toda la cena, no como años anteriores pre pandemia, en los que cada familiar llevaba algo a la mesa para compartir. Este año teníamos que preparar todo para nosotros: pavo, arroz árabe, puré de manzana, pionono de espinaca, ensalada de cóctel de frutas. Y no solo eso, sino que se me ocurrió que la mejor manera de alegrar un poco las fiestas lejos de la numerosa familia, era preparar postres: pie de limón en copas, galletas de jengibre, marshmallows con chocolate.

Días atrás todo parecía buena idea. Hoy, en cambio, estaba un poco arrepentida por haberme prometido a mí misma hacer tanto. Pero no era nada que no pudiera hacer. «Todo sea por consentir a mi familia» me dije.

Galletas de jengibre.

A las nueve y media nos sentamos a la mesa. Cafecito y humitas que le habíamos comprado a mi tío Lino, quien emprendió con ese negocio. (Estaban muy ricas. Las recomiendo). Mi mamá tenía cita en la peluquería, así que me tocó a mí empezar con todos los preparativos.

Al mediodía comencé. Las galletas de jengibre las había hecho anoche, así que solo me quedaba decorarlas. “Pucha, necesito mejor pulso para esto” pensé, mientras les hacía caritas a los muñecos de jengibre y llenaba los contornos de las estrellas y los Papás Noel.

Los marshmallows bañados en chocolate fueron lo siguiente en mi lista, algo un poco más sencillo. Derretí chocolate bíter a baño maría, coloqué los marshmallows en palitos de anticucho y luego de bañarlos en el chocolate derretido, los coloqué en la refrigeradora.

Mi familia y yo cenando.

Casi a las dos de la tarde mi mamá volvió de la peluquería. Preparó seco de pollo con arroz para almorzar y lo sirvió acompañado del suflé de coliflor que sobró de ayer.

A las cuatro y media ya me encontraba en la preparación del pionono de espinaca, un acompañamiento de pollo y verduras que queda muy bien en la cena. Tenía algo de nervios. Es una de las especialidades de mi tía Rosa y hoy fue la primera vez que lo preparé. Ella lo traía en cada Navidad, y este año no quería no comer eso, así que le pedí su receta. Para ser la primera vez; me quedó bastante bien. Estoy segura de que no tan bueno como el de ella, pero al menos lo suficientemente bueno como para disfrutarlo y sentir que estamos en nuestras cenas navideñas tradicionales.

A las seis de la tarde, el pie de limón en copas me mantuvo ocupada. Tenía ganas de hacer un postre, nada empalagoso, ni muy difícil, así que hacer mi famoso pie de limón en la presentación de copas fue la mejor idea que tuve. La masa, conformada por galletas de vainilla trituradas con mantequilla; y el relleno, de leche condensada, jugo de limón y yemas de huevos. Coloqué todo en copas y lo decoré finalmente con merengue.

Eran más de las siete de la noche y recién pude bañarme. Había pasado todo el día en la cocina sin siquiera darme cuenta, pero había valido la pena.

A las ocho y media estaba ayudando a mi mamá con los últimos detalles del arroz y la ensalada. Para mi disgusto, en las calles se escuchaban ya algunos fuegos artificiales. Xena se encontraba un poco nerviosa como cada año, a diferencia de Snoopy, que parecía incluso disfrutar de los sonidos y de las luces navideñas que alumbraban todo el condominio.

Mi familia y yo.

Hacia medianoche, la mesa ya estaba servida, con todos (mi papá, mi tío Paco, mi hermano, mi mamá y yo) ansiosos en la sala, esperando poder saludarnos para luego sentarnos a degustar. Y Snoopy debajo de la mesa esperando que algún trozo de pavo se cayera para devorar. Xena, por su parte, estaba acostada en una de las sillas como cualquier otro día.

En la radio sonaba el conteo regresivo, cuando mi prima Francesca hizo una videollamada. En su casa estaban todos con las mismas ansias y la misma cena. Mis tíos, mis dos primas con sus esposos y mi sobrina. Todos con algo de nostalgia por no poder estar juntos, pero emocionados porque a pesar de que la pantalla nos separaba, todos al unísono comenzamos a contar: ¡10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1!

¡Feliz Navidad!

Natalie Muñoz
Natalie Muñoz

Tiene 24 años. Es amante de los documentales de crímenes, el sushi y los perros. En sus ratos libres hace repostería. Le encanta ir al cine y escuchar música. Desde pequeña tuvo una pasión especial por la escritura que al crecer terminó por olvidar, pero con la cual ha vuelto a reencontrarse gracias a Machucabotones. 

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