Decálogo más uno de Juan Carlos Onetti

«Caminaba lenta, golpeando las rodillas en la tela del abrigo con un débil ruido de toldo que sacude el viento». Muchos autores pueden hacer que veas una escena; pocos, que la escuches. Nacido en Uruguay en 1909, Onetti publicó en 1939 su primera novela titulada «El pozo», luego de varias decepciones amorosas y trabajos fallidos. Pronto lo llamaron maestro, cosa que lo molestaba. Cuando le pedían autógrafos, se rehusaba a darlos. Sin embargo, cuando de consejos se trataba, no tenía ningún reparo. Aquí, el «Decálogo más uno» que escribió.

Caricatura: Fernando Vicente.

  • No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

  • No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Este solo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

  • No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

«El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo».

  • No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

  • No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
Casa ubicada en Madrid. Ahí vivió junto a su cuarta esposa Dorotea Muhr.
  • No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

    
  • No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

    
  • No olviden la frase, justamente famosa: dos más dos son cuatro; pero ¿y si fueran cinco?

    
  • No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

    
  • Mientan siempre.

    
  • No olviden que Hemingway escribió: “Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer.”
Onetti en el lugar que más disfrutaba: su cama. Ahí comía, bebía, leía y escribía.
Tags:
Previous Post

Un tipo muy bueno que se hacía querer mucho

Next Post

Días normales

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: